lunes, 18 de agosto de 2008

Escuchar música como PAS

Agosto es, en Mallorca, el mejor mes para salir y asistir a conciertos. Y este año la oferta es absolutamente fantástica. Hay música de todos los tipos y estilos, una auténtica gozada, y el único problema es encontrar el tiempo suficiente para poder asistir a todas la actuaciones que llaman la atención.

De los varios espectáculos en que hasta la fecha he podido asistir, han sido dos que para mi gusto personal han destacado. El primero era el concierto de Diana Krall en el Arena de Palma, y el segundo la actuación de Joana Amendoeira, ayer noche, en el castillo de Bellver de la misma ciudad.

Dos artistas completamente distintas, la Krall -Canadiense rubia, cantante de jazz y pianista de categoría- y la otra, Joana Amendoeira –cantante Portuguesa de fados, morena, encantadora y con una voz maravillosa. Dos bellas mujeres, cada una con su propio estilo, que no dejan de impresionar a una alma sensible como yo. Lo que tenían en común era que las dos me han llegado al corazón. Corrijo, al alma. Comparando las dos actuaciones había, sin embargo, una cosa curiosa.

La música de Diana Krall es sumamente íntima, y no especialmente apto para el Arena –un sitio enorme, y un tanto impersonal como es de esperar de un palacio de deportes. Observando los imágenes de su cara en las grandes pantallas a ambos lados del escenario, me sentía casi como una intrusa, testigo involuntario de una intimidad ajena. Solamente cerrando los ojos y entregándome a la música y a lo que vivía en mi alrededor y por tanto en mi interior, podía disfrutar de esa actuación impresionante. Me pregunto si la experiencia hubiera sido diferente si, en lugar del Arena, Diana Krall podía haber actuado en un club de jazz, o en Bellver...

Lo contrario pasó con esa exuberante y fantástica actuación de la radiante Portuguesa. El fado es sinónimo con la emoción, y donde yo había esperado una sensación de melancolía y de saudade evocador y sugestivo, me encontré con una explosión de alegría, luminosidad y de energía contagiosa. El entorno del castillo de Bellver era digno y precioso, pero estoy convencida que esta mujer hubiera podido crear un ambiente igual de impresionante –o más- en el Arena.

Dos opuestos, dos movimientos diferentes. Con el primero te recoges sobre el centro de tu ser, y con el otro casi sales de ti. ¿Cómo nos afecta la música? ¿Cómo resuena en nosotros? ¿Qué es lo que despierta en nuestro foro interior? ¿Cómo es que, con un tipo de música quieres cerrar los ojos, mientras que con el otro casi no puedes estar quieto y no dejas de sonreír? Y los dos tipos de música emocionan.

Os dejo con las preguntas, esperando que mis palabras os inspiran de experimentar un poco con el sentimiento que la música hace surgir en nuestra alma. ¿Por qué hay música que gusta más que otra? ¿O en determinados momentos? ¿Por qué hay música que no podemos aguantar? ¿Qué es exactamente ese ‘no poder aguantar’?

Os deseo la posibilidad de asistir a muchos conciertos. A disfrutar de los días que nos quedan del verano. Y vosotros, que estáis en el otro lado del mundo, seguro que también podéis experimentar con la música, y con la manera en que os afecta.

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