sábado, 13 de junio de 2009

La Comunicación No Violenta


Siguiendo con el tema de la comunicación –y gracias a todos que me han escrito con feedback- me gusta contaros sobre el trabajo del psicólogo clínico Marshall Rosenberg. Es interesante para todo el mundo, pero creo que para la gente altamente sensible es una herramienta especialmente útil.
Vivimos en un mundo en que cada vez hay menos tiempo y paciencia para escucharnos o para realmente intentar de comprender al otro ser humano. Cada uno exige “respecto” para su propia opinión, y no tarda ni duda en proclamar lo que personalmente opina. Queremos y necesitamos ser escuchados. El Americano Marshall Rosenberg piensa que nuestra forma de expresarnos contribuye a la violencia que hay en el mundo, y ha desarrollado una nueva forma de comunicar, la comunicación no-violenta.
Cuantas veces decimos/escuchamos frases como, “No seas tonto,” o “Tu problema es que nunca piensas en los demás,” o “No me fastidies.” Según Rosenberg, estos son ejemplos de un lenguaje violento, “y es importante,” dice, “que tomemos conciencia de los juicios que hay por debajo de este tipo de frases que, en su aparente sencillez, lleva a una comunicación que nos separa el uno del otro, en lugar de acercarnos, algo que la comunicación pretende.”
Miramos la siguiente situación: Una mujer espera que su marido llega a las 9 para cenar. Él llega una hora más tarde, sin que haya llamado para avisar de su retraso. Nada más que entrar por la puerta, ella le dice: “¿No habíamos quedado en cenar juntos? Nunca me escuchas. ¡Nunca tienes tiempo para mí!” Esto puede ir acompañado de portazos. Más que probable que el marido se enfada y se va. Adiós velada bonita y agradable.
¿Qué nos surgiere Rosenberg en una situación similar? “En primer lugar,” explica, “es importante de observar lo que pasa. Se trata de una observación pura sin emitir ningún tipo de juicio o valoración.” En este caso vemos que la mujer y el hombre habían acordado de cenar juntos a las 9 de la noche. El hombre llega una hora más tarde y no ha llamado para avisar de su retraso. Hechos. Después de observar eso, vamos al segundo paso, que es la pregunta: ¿Qué emoción te produce esta situación? Esto no es fácil, porque por lo general no tenemos mucha práctica en describir lo que sentimos. En la situación del ejemplo, es posible que la mujer diga: “No me siento escuchada.” Según Rosenberg esto no vale porque colocamos la causa con la pareja que ha llegado tarde. En la comunicación no violenta se trata de describir tu propio sentimiento. En este caso la mujer podría decir algo como: “Me siento triste.”
Paso número tres es: ¿Qué necesidad básica se esconde detrás el sentimiento de tristeza? Rosenberg piensa que cada sentimiento es expresión de una necesidad humana tal como aceptación, compartir o conexión. En nuestro ejemplo podemos imaginarnos que la mujer tenía la necesidad de conectar con su marido, lo que se expresa a través de pasar el tiempo juntos.
Siguiendo el ejemplo, la mujer podía haberle dicho al hombre lo que siente, eventualmente seguido por una petición: “Me siento triste porque has llegado una hora más tarde de lo que acordamos, y porque me gusta pasar tiempo contigo. ¿Te sería posible en el futuro de estar los viernes en casa a las 9, para que podamos cenar juntos?” Formulando una pregunta de esta manera, desde el “yo”, presentas el otro con una apertura, con lo cual la probabilidad que hará lo que a ti te gusta es mucho mayor – en todo caso muchísimo mayor que cuando tu reacción es puro reproche.
Soy la primera en reconocer que dialogar de esta forma no es nada fácil, pero sí he comprobado que funciona. Si queréis saber más sobre Rosenberg y su interesante trabajo, hay mucho información en la web. También ha salido una traducción en castellano de su libro sobre la comunicación no violenta. (Comunicación No Violenta: Un Lenguaje de Vida, Ed. Gran Aldea Editores, ISBN: 9789872183493). Muy, pero muy recomendado.
Y por lo demás... El solsticio de verano está a punto de llegar, San Juan. En verano es más difícil guardar tu centro, sentimos todo con más intensidad. Más que en otra época del año necesitamos aquellos momentos de tranquilidad para poder volver a nuestro núcleo, para poder volver a conectar con nuestra esencia y cargar las pilas. Os deseo un verano lleno de sensaciones y muchos momentos felices.
(En la foto, hipericum perforatum, la “Hierba de San Juan.”)

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