viernes, 14 de octubre de 2011

Entrevista Diario de Mallorca

´Los más sensibles son los que pagan más cara la crisis´

Karina Zegers de Bejil. Life-coach (guía vital) y mediadora de conflictos, defendió ayer las virtudes de las personas con una alta sensibilidad tanto en el mundo laboral como en la vida social

F. GUIJARRO. PALMA Karina Zegers de Bejil lamenta que las personas más sensibles sean las que en la mayoría de los casos pagan el precio más alto por la crisis y defiende sus virtudes, aunque también reclama a este colectivo un esfuerzo para adaptarse a las personas de su entorno. –¿Qué podemos entender por una persona de alta sensibilidad? –Esta denominación nace del trabajo realizado por una psicóloga norteamericana, del que se desprende que entre un 15% y un 20% de la población, tanto entre hombres como entre mujeres, tiene unos niveles de sensibilidad muy superiores a la media. En ocasiones se les considera individuos raros, que no encajan y que muestran reacciones distintas a las de los demás. Y esa diferencia les hace sufrir. Por ejemplo, son muy vulnerables ante los gritos, los insultos o las injusticias. Son personas de lágrima fácil porque no saben reaccionar adecuadamente y no se les pueden decir las cosas de cualquier manera. –Habrá un lado positivo. –Evidentemente. En muchas ocasiones ellos solo ven el lado molesto, porque en realidad no saben lo que les pasa. Pero también tienen una capacidad para disfrutar más intensamente, tienen una mayor capacidad para emocionarse ante la belleza del arte. Y tienen una mayor empatía, saben ponerse en el lugar de los demás y eso les puede ayudar a hacer amistades. Se revelan ante las injusticias, lo que hace que su presencia sea habitual en las ONG. –¿Esas características son compatibles con un mundo laboral tan competitivo e inmerso en una crisis? –Pueden tener problemas de comunicación en un ambiente laboral duro, pero hay empresas que saben valorar su creatividad. Sin embargo, en los centros de trabajo tradicionales son pisados porque no se les valora. Por eso muchas veces son los primeros en perder el empleo y son los que están pagando más cara la crisis. No son competitivos y no luchan por su puesto de trabajo porque tienen otros valores. Además, la crisis la viven mal porque se estresan muy rápido debido a esa mayor sensibilidad. Enlace del artículo: Enlace del artículo

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