lunes, 1 de julio de 2013

Altamente Sensible, oír y escuchar

“Lo más importante en la comunicación es escuchar las cosas que no se dicen”.
Peter Drucker


Oír y escuchar no es lo mismo. Seguro que ya lo sabías. Aun así creo que no está demás mirar esas diferencias con un poco de atención.

Oír. Oír lo hacemos todos, animales incluidos, y podemos decir que lo hacemos continuamente. Automáticamente, o sea, es algo que hacemos sin poner consciencia. Música de fondo, ruidos del tráfico, las voces de otras personas en restaurantes, oficinas, nuestro oído siempre está activado y siempre estamos captando sonido. Vivimos en un mundo superpoblado y encontrar un lugar donde reina el silencio total es prácticamente imposible. Oímos sonidos, ruidos sin pensar en ellos. Y, menos mal, ya qué, como PAS, seguramente sabes de sobra que si prestas atención a un determinado ruido, cuando empiezas a escuchar esa música irritante del vecino, ésta en seguida eclipsa todo otro ruido y llega a ser imposible de ignorar; es como si se amplificara.

Escuchar, o sea, oír conscientemente, es una de las herramientas más útiles y necesarias que puedes desarrollar como ser humano. Escuchar y hablar son los componentes de la comunicación. ¿Por qué escuchas? Escuchas para obtener información, para poder llegar a comprender y aprender, para disfrutar. Escuchas porque algo o alguien te interesa. (Inter-esse es una de palabras más bellas que conozco. Literalmente significa “ser entre”, refiriéndose a aquello que se puede generar entre personas que se inter-esan las unas por las otras).

Investigación demuestra que una persona normalmente recuerda solo una cuarta parte o un poco más de lo que ha oído. Es evidente que esto vale tanto para aquel que oye lo que tú le estás diciendo, como para lo que tú oyes de lo que otro te comenta. Cuentas una detallada historia – tanto si se trata de algo que hayas experimentado, o de información que quieres dar – y el otro oye solamente una muy pequeña parte. Un poco desalentador, ¿no te parece? Por cierto, ¿Quién no conoce esa sensación frustrante cuando alguien no te está escuchando de verdad? Muchas veces ya lo notas en la manera en que te miran (o dejan de mirarte) cuando estás hablando, ¿no es así?


Aprender a escuchar mejor, ¿cómo se hace?
A lo mejor te extraña cuando te digo que escuchar es algo que empieza contigo mismo. Lo sé, no parece lógico, pero sí lo es. Antes de que puedas empezar a escuchar a alguien, tienes que hacer cierto trabajo personal. Contrario a oír, escuchar es algo que se tiene que aprender. Podrías empezar con un pequeño ejercicio. Busca un lugar, preferiblemente en el exterior, y abre tus oídos.  Fíjate en la cantidad de sonidos que te rodean. Un ruido compuesto de varios (o muchos) elementos. Un chorizo de sonidos. Ahora viene el siguiente paso: vuelve a abrir tus oídos, pero esta vez intenta distinguir los diferentes sonidos y nómbralos. Intenta trabajar con cada elemento que distingues (qué es y cómo suena –alto, bajo, agudo, redondo, agradable o no-) y entrégate a ello. Si este sonido tuviera una forma, un gesto, ¿cómo sería? Es un ejercicio que se presta también como meditación activa, ¡pruébalo!

Y ahora la conversación. Una gran parte de la verdadera escucha, también conocida como la escucha profunda, es la concentración. La concentración solamente es posible si sabes frenar tu propio ruido interior. Escuchar a alguien siguiéndole el pensamiento, no es igual a pensar por alguien. Solemos tener un pensar automático, reactivo o asociativo, y la consecuencia es que enseguida que alguien nos cuenta algo, ya le hemos adjudicado un juicio. También puede pasar que en seguida pensamos a una situación más o menos igual que hemos vivido, y empezamos mentalmente a comparar. Lo que pasa es que el juicio o el recuerdo se mete entre la otra persona y tú como escuchador… y ¡adiós concentración! El pensar de la persona altamente sensible en seguida se dispara, ya que una de las características de nuestro rasgo es la de ser demasiado crítico. Es nuestro deseo por la perfección (ojo, nuestra idea de perfección) que hace que no solemos tardar nada en tener una opinión sobre las cosas. Pero, aquel que escucha de verdad, no opina nada sobre nada ni nadie, ya que no hace nada más que escuchar.

O sea, para la escucha verdadera o profunda, lo primero que necesitamos es la concentración y la capacidad de retener los propios pensamientos.  La segunda cosa imprescindible es la capacidad de empatizar con el otro (va sin decir que solamente puedes empatizar de verdad si sabes retener tus juicios). No solamente escuchas con auténtico interés lo que el otro te está contando, a las palabras que te van llegando (que en el fondo sería oír) pero intentas penetrar a la esencia del mensaje que te están transmitiendo. ¿Qué es lo que está diciendo de verdad? ¿Cuál es el núcleo de la historia? El gesto, la actitud corporal de la persona generalmente ya te dice mucho, pero también el tono de su voz y su expresión facial juegan un papel importante. Ten en cuenta que, como persona altamente sensible y empática por naturaleza, en principio ya tienes media batalla ganada. Normalmente captamos toda información no-verbal de manera automática y no le damos más atención. Podría ser un ejercicio “inter-esante” de, aunque sea por una sola vez, detenerse en esto de manera consciente.

En cierto momento puedes llegar al punto en que, según tu parecer, la historia se hace demasiada larga y ya no puedes escuchar más por saturación. (Ya lo sabemos, los PAS nos saturamos antes de que la persona con una sensibilidad normal o media. Cansancio o estrés hacen que te satures antes de lo normal). Si ésto pasa, no te queda otra que interrumpir de una manera que no moleste –por ejemplo a través de un cambio de postura– para hacerle entender a la otra persona que necesitas recapitular aquello que acabas de escuchar. Este recapitular o resumir tiene dos lados. Para empezar es una manera de hacerle saber a la otra persona que le has escuchado de verdad y que comprendes lo que te quiere comunicar, pero por otro lugar te ofrece a ti la perfecta oportunidad para ganar un poco de tiempo que utilizarás (a través del resumen) para colocar toda la información recibida. Puedes hacerlo, por ejemplo, aprovechando el momento en que el otro se detiene para tomar aliento, y decirle algo como: “Espérate un momento, quiero verificar si lo he entendido bien. Si no me equivoco, querías decir…”.

Este resumir es más importante de lo mejor suponías. Pregúntate qué te pasa cuando recibes demasiada información… Es un hecho: la persona altamente sensible se satura relativamente rápido. Si llega el momento en que te has saturado, ya no podrás escuchar, sino que empiezas a oír. Te desenganchas. Si ésto pasa, no te das cuenta. No lo notas. No solamente puedes perder información importante, sino que también la otra persona puede percibir que ya no estás atento y ésto, según la circunstancia, puede traer consecuencias desagradables. De la misma manera puede pasar que la falta de registrar información, o el hecho que hayas dejado de escuchar de manera profunda, lleve a malos entendimientos y conflictos. “Pero, te dije que…” “De esto no me recuerdo nada. Lo habrás soñado”. Cuando repites al otro la esencia de su mensaje (dando al otro la oportunidad de corregirte si ésto fuese necesario) te haces un favor a ti mismo y al otro.

La escucha profunda o activa requiere mucha concentración. Y no solo ésto. Tienes querer hacerlo de verdad. Se trata de un acto consciente. Es algo que se suele tener que aprender. Es una actitud interior que se alimenta a través de un auténtico y profundo interés por la persona que tienes delante. Solamente  a través de una escucha activa y profunda podrás conectar de verdad con la otra persona. Significa abrir tu corazón hacia el otro, retener todo tipo de juicio o crítica, y estar atenta a que tus pensamientos no se escapen hacia, por ejemplo, tus propias experiencias. Significa otorgarle al otro el espacio que necesita.

Puede pasar que alguien te quiere contar algo, pero que en ese momento no tienes tiempo de escucharle. No dudes en decírselo claramente. No tengas miedo que el otro ya no te encontrará simpático: este miedo es infundado. ¿Os acordéis del artículo del mes pasado, Altamente Sensible y decir ¡NO!? Pues ésto. Dile a esta persona cuando te va bien escucharle, y fija una hora. “Me gustaría poder dedicarte todo la atención que mereces. Quiero escucharlo todo y bien. ¿Puedes mañana? ¿A qué hora quedamos? Así tendré una hora entera para ti”. (¡Poner límites!)

Interrumpir a la otra persona –aparte de cuando lo haces por necesidad de recapitular, o cuando necesitas preguntar algo por clarificar – no suele ser una buena idea. Y lo es para nada para comentarios que van desacreditando el mensaje de la otra persona. “Ah, sí, ésto, lo conozco. Me pasó algo por el estilo, incluso mucho peor, cuando…”. “Venga, no exageres, no es para tanto”. “Tienes que verlo más positivo”. “¡Tonterías!” Si haces ésto, a lo mejor no has sabido escuchar de verdad… Importante: nunca des tu opinión al no ser que la otra persona te la pida.


Resumiendo…
  • Escucha atentamente. Mira al otro con una mirada de interés. Frena tus juicios, comentarios y críticas. No prestes atención a otros ruidos (música, tráfico, etc.). Fíjate en el lenguaje corporal del que habla.
  • Haz que sea visible que estás atento a través de una actitud corporal abierta, de asentir con la cabeza de vez en cuando, y haciendo pequeños sonidos de tipo “hm, hm”.
  • Haz un auténtico esfuerzo para comprender la esencia del mensaje. Para ésto ayuda la técnica de resumir y de dejarte corregir. Cuando no entiendes algo, pregunta. Cuando quieres profundizar en algo, también, pregunta.
  • No interrumpas al locutor, y menos con tus propios juicios y opiniones.
  • Solamente da tu opinión si el otro te la pide. Y cuando lo haces, hazlo con mucho respeto y comprensión.

Repito, la escucha profunda es algo que hay que aprender, es algo que necesita un trabajo consciente. Intenta practicarlo mucho, no solamente poniéndola en la práctica, sino también escuchando las conversaciones de otros para aprender de ellas. También puedes pensar en conversaciones que has tenido en el pasado y cuando te sentiste realmente en contacto con la otra persona. De la misma manera puedes pensar en una conversación que acabó mal porque alguien se puso defensivo y no se escuchaba de verdad.

En los meses de verano, durante las vacaciones, solemos tener más tiempo para estar con otros, para hablar y para disfrutar de la compañía de buenos amigos. Es por ésto que tienes la oportunidad ideal de practicar esta manera de escuchar. ¡Te deseo muchas conversaciones enriquecedoras y mucho “inter-esse”!

4 comentarios:

LATICHER dijo...

Me ha gustado este artículo. Son ideas muy válidas y remedios concretos. En Radio Nacional hay un programa muy interesante en las mañanas de los sábados y domingos (No es un día cualquiera de Pepa Fernández) en el que en vez de oyentes se les llama intencionadamente "escuchantes". Y por otro lado me algra coincidir en el gusto por el cuadro que has puesto;en mi casa tengo una reproducción desde hace mucho tiempo y me encanta mirarlo.

Karina Zegers de Beijl dijo...

Hola!
Muchas gracias por tu comentario :)
Sí, conozco el programa de "la Pepa". Ella no quiere ser "oída" y se merece ser "escuchada", y para ser "escuchada", necesitas "escuchadores", así de simple... Y si la gente generalmente (se) escuchara más...
Me alegro que te haya gustado esta obra de Seurat.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo...!

Los consejos y recomendaciones son muy útiles, y trataré de ponerlos en práctica día a día.

Una pregunta, ¿ como hacemos los PAS para comunicarnos adecuadamente con alguien, que SOLO desea ser escuchado y le importa poco o nada nuestra opinión o "feedback", más aún si éste es contario a lo que plantea ?.

Me sucede ésto con mi actual supervisora. Mucho agradezco su contestación.

Saludos,

Mariano desde Caracas, Venezuela

Karina Zegers de Beijl dijo...

Hola Mariano,
Perdona la demora en contestarle.
¿Como tienes que reaccionar con una persona así? Pues, recuerda (artículo anterior!) qué siempre te queda la opción de no escuchar. Existen personas con quienes no se pueden hablar y que solamente te consumen la energía.
Si es su supervisora? Asumirlo. Aceptar que esta persona es así. Probablemente le han dicho que tiene que pedir feedback, pero realmente no le interesa.
Un saludo.