sábado, 10 de diciembre de 2016

La alta sensibilidad, un caso de indignación y victimismo

No me extrañaría si, siendo una persona altamente sensible -una PAS-,  te ha pasado en algún momento, el haber sentido una profunda indignación por tener un determinado tema muy claro y que, sin embargo, no hayas conseguido que tu interlocutor te entienda. Me gustaría darte un ejemplo de esto con algo que me pasó hace unos días...


La PASajera víctima
La vi venir desde mi fila 16, la última en embarcar. Hablaba sola y echaba humo. En cuanto se acercaba, yo iba escuchándola mejor…
“No puede ser. Siempre me pasa esto. Siempre. Es mi derecho, lo he pagado. Ya me volverán a robar. ¡Siempre lo mismo!”
Se sentó a mi lado, la única plaza que quedaba libre. Asiento pasillo. Nada más sentarse, volvió a repetir su historia: “Hay que ver. Y mis derechos, ¿qué? Siempre me roban; ya me han robado la maleta tres veces y volverá a pasar. Y he pagado para llevar mi maleta a bordo.”
¿Me meto? -me digo-, ¿o no me meto? Pero la vi tan mal que, anda, a ver si le echo un cable…
Me giro hacia ella y le sonrío. “¿Qué ha pasado?
“Lo de siempre. No saben calcular. Avión lleno y no caben más maletas en los compartimientos de la cabina. Tuve que entregar la mía y me la robarán… como no llevan control, siempre me la roban. Yo he pagado para tener la maleta en cabina y es mi derecho subirla a la cabina, pero como ellos no saben calcular, me la quitan para ponerla en bodega y allí la roban, como siempre. Y nadie me hace caso mientras que ese es mi derecho.”
Se calla un momento, pero sigue echando humo. Está más que indignada. Me doy cuenta de que también tiene miedo. Miedo a volar. Reviso mis observaciones y de nuevo me doy cuenta de que ha sido la última en subir al avión.
“¿Ha venido con otro vuelo y ha hecho trasbordo? He visto que era la última pasajera en venir a bordo. ¿Iba retrasado el otro vuelo?”
“No, no, que va. Siempre subo la última, siempre. No soporto las aglomeraciones, odio estar como una sardina en una lata. Pero siempre me pasa con esta compañía, y no es que sea la más barata. Siempre lo mismo y con los retrasos. Y ahora tendré que esperar mi maleta, y es que tengo prisa y he pagado para poder tenerla en cabina. Voy a emigrar. Este país…”

Me quedo con lo de No soporto la aglomeraciones, odio estar como  sardina en lata. Pueden ser claves PAS… A esto añado su miedo palpable, su cara de asustada. Su victimismo y sus generalizaciones. No me extrañaría que su rabia e indignación le sirvan para tapar ese miedo a volar. Pobre mujer. Está tan alterada, sin embargo, que veo que la media hora que tenemos por delante no será suficiente para poder calmarla y, posiblemente, ni siquiera quiere calmarse para no tener que afrontar el miedo que siente. Por tanto, intento empatizar y y le digo: “Vaya, la entiendo. Hacemos la maleta pequeña y ligera para poder tenerla cerca, para no perderla de la vista, y ahora le ha pasado esto. Entiendo que está preocupada, además teniendo la experiencia de que otras veces ya ha perdido la maleta. Cierto, podrían calcular mejor el espacio para maletas en cabina…”
Me mira por primera vez con sus grandes y preciosos ojos azules, y veo que duda sobre cómo tiene que tomar mi comentario, ¿es sincero o no? Suspira, y vuelve a repetir su historia, pero esta vez con menos vehemencia. Quiero creer que se ha calmado un poco.
Aterrizamos y la primera que se levanta y corre hacia delante es ella, empujando a una señora que ya estaba en el pasillo. Espero que haya podido recuperar su maleta y que el resto del día le vaya bien.

Victimismo versus tomar responsabilidad
Te pasa algo de este tipo -el hecho de tener que entregar la maleta-, y a mí me ha pasado, y ¿qué haces? ¿Te quedas con tus derechos y te pones rabiosa? Objetivamente podrías saber (y más si eres viajero frecuente) que estas cosas pasan y que por eso tienes dos posibilidades, o te pones a tiempo en fila para entrar (hasta puedes pagar un poco más y comprarte preferente) o, como ha hecho esta mujer, esperas hasta todo el mundo haya subido y te la juegas. Y, por cierto, no se paga por tener la maleta en cabina, al contrario, se paga justamente por facturar. En el caso de esta mujer –su miedo aparte- su papel de víctima no estaba justificado y me imagino que incluso lo sabía, aunque no le interesaba hacerse responsable por la parte que le tocaba en esta pequeña historia.
Como PAS a veces pasa que nos sentimos cómodos en el papel de víctimas. A veces el mundo nos viene tan grande y nos sentimos tan incomprendidos e incluso rechazados que nos hacemos “pequeños” esperando que alguien nos eche un cable. Y no pasa nada, de verdad. Casi siempre estos cables llegan y con el tiempo generalmente conseguimos ver que de una manera u otro hemos contribuido a que una determinada situación se produzca; lo vemos y nos responsabilizamos. Pero también puede pasar, como hemos visto el la historia de arriba, que nos quedemos atrapados en ese papel y por muchos cables que el entorno nos quiera echar, no hay manera. Si esto pasa (y no quiero entrar en los posibles motivos subyacentes como el miedo) corres el riesgo de entrar en un círculo vicioso en el cual tu actitud  va aumentando, y cada vez te será más difícil ver tu responsabilidad en el asunto. Muy raras veces una situación es totalmente blanca y negra, y a veces hay que mirar y buscar un poco más allá de aquello que observamos a primera vista.

Si te sientes víctima, ¿qué puedes hacer?
Partiendo del ejemplo de la PASajera podemos ver los pasos que ella podía haber dado para sentirse menos indignada y tomar el control de la situación.
Si la situación me lo hubiera permitido, le podía haber hecho unas cuantas preguntas para aclarar la situación, para neutralizar ese "veneno subjetivo" que le hacía sentir tan mal, indefensa y eso, víctima.
  • ¿Qué ha pasado? y ¿Cómo te sientes? Has visto que estas son las preguntas que he hecho a la PASajera, y ella, con toda esa indignación, me ha contado lo que, según ella, había pasado.
  • ¿Cuáles, según puedes ver, son los hechos concretos? ¿Qué cosas sabes a ciencia cierta? No ha habido oportunidad para hacerle estas preguntas, pero si lo hubiera habido, la respuesta hubiera sido: "He sido, queriendo, la última en subir a bordo y me han hecho entregar la maleta porque el vuelo estaba lleno y solo hay espacio para 80 maletas en los compartimientos superiores. Mi maleta, en lugar de viajar conmigo en cabina, ahora viajará en bodega y tendré que recogerla en la cinta de equipajes en el aeropuerto del destino".
  • ¿Podías haber hecho algo para evitar esta situación que no te gusta? "Sí. Podía haber comprado el derecho a subir con preferencia. También podía haberme puesto a tiempo en la fila para subir al avión. Teniendo la experiencia que tengo en los vuelos de esta compañía, ambas opciones hubiesen evitado la situación que me produjo este malestar".
  • ¿Eres capaz de ver que parte de esta historia es tu responsabilidad y no de la compañía? Claro, siempre teniendo en cuenta que sabía lo que iba a pasar, ya que -como dije- me ha pasado más veces que tengo que entregar la maleta.
  • ¿Puedes aceptarlo? No me queda remedio. Es cierto que no me gusta volar, es cierto que no me gusta estar en un pequeño espacio con gente que no conozco de nada, pero esto forma parte de viajar en avión. Si quiero viajar de esta manera y si no quiero pagar más, tengo que aceptar esto.

El papel de víctima es un rol que vamos encontrando con cierta frecuencia dentro del gran grupo de personas altamente sensibles, y no es de extrañar. Muchos, y generalmente antes de descubrir el rasgo y darse cuenta que existen muchas personas como tú, se sienten un "bicho raro", vulnerables e indefensos dentro de un mundo lleno de alfileres que no parece entenderte. Muchos luchan e intentan encajar sin conseguirlo del todo, y tarde o temprano tiran la toalla. Si esto sucede más que probable que te sientas víctima.
A lo mejor cuesta cambiar el chip, pero no es imposible hacerlo. Tomar consciencia de tu rasgo y de la realidad tal como la llegarás a ver a través de las gafas del conocimiento del rasgo, te puede ayudar a cambiar la perspectiva y volver a tomar las riendas de tu vida. Hacerte preguntas del tipo que hemos visto en el ejemplo te pueden ayudar a objetivar y a tomar responsabilidad. Recuerda: ¡siempre puedes elegir!

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