domingo, 13 de agosto de 2017

PAS y visitas de familia

Seguimos con el tiempo de las vacaciones; el mes de agosto siendo el més favorito de muchos para escaparse unos días buscando relax y conexión algunos, y otros buscando más bien aventuras y nuevos destinos que les llamen. Y, también, algunos volverán a su casa natal para pasar días con sus padres, abuelos, hermanos y familia en general. Para muchos es una vuelta llena de alegría y cariño pero esto no siempre es el caso. Ojalá que te reciben con amor y que tienes una relación sana y equilibrada con tu familia, que os amáis mutuamente con la misma intensidad y respeto. Si es así, fijo que te lo vas a pasar genial y disfrutarás de cada momento, saboreando recuerdos tiernos mientras coleccionando nuevos momentos llenos de calor anímico para añadir a tu caudal de imágenes y emociones vividas. 

El tema principal de este post sin embargo, aparte de estar relacionado con otro que publiqué hace tiempo - Ser PAS y tener invitados en casa-, es fruto de unas sesiones que acabo de tener en el último mes en las cuales tres clientes vinieron con el mismo tema, con el mismo dolor, aunque evidentemente en situaciones diferentes. Tres adultos que sueñan con reconciliarse con sus padres, que,  una vez más, los van a visitar con mucha ilusión y la expectativa de que esta vez serán unas semanas maravillosas y llenas de felicidad. 

Pedro: "En las vacaciones siempre vuelvo a casa, siempre paso por lo menos una semana con mis padres y mis hermanos. Nunca me lo he cuestionado. Ya lo hacía de soltero, y ahora, con esposa y niños lo sigo haciendo. Pero últimamente noto algo raro en ellos, es como les molestamos, como si no les guste que vamos. Pienso atrás y me doy cuenta que en realidad esto no es nuevo, pero nunca lo he querido ver".

Maite: "Mis padres nunca me llaman, nunca vienen a vernos. Siempre soy yo. A veces tomo consciencia y me molesta, pero en seguida me digo, venga, no pasa nada, son mayores. Como si eso, el hecho de que sean mayores, tiene que ver con la capacidad o las ganas de llamarme y preguntarme cómo estoy. Y encima me preocupo de ir a visitarles con cada oportunidad que tenga. Mis pocos ahorros me los gasto en billetes. ¿Y crees que se alegran de verme? ¿Crees que le encanta estar con su nieta? ¡Qué va! Incluso dicen cosas como... No entiendo que vienes a hacer aquí. Seguramente te diviertes más en Madrid. El pueblo es aburrido y sabemos que no te gusta. Y, también, criticando a la niña, uf. Vamos, me deprimo allí - no por el pueblo, pero por su frialdad e indiferencia. ¿Y me preguntas por qué voy? Pues, porque me parece normal que los hijos vayan a ver a sus padres y hermanos...

Jaquí: Cada verano después de haber estado con ellos (sus padres) me juro que ha sido la última vez. Ya está, nunca me han dado cariño, nunca me han apoyado y nunca me han dado la sensación de que me quieren. Y yo, como una tonta, cada vez que voy espero que algo habrá cambiado, que finalmente se hayan dado cuenta que soy una buena hija, que los quiero, que nunca les pido nada, que soy trabajadora y que me gusta sorprenderlos con regalitos, pero nunca, nunca acierto. Y con los regalitos (dedico mucho tiempo a buscar cositas de las cuales sé que les encantan), buenooo... En lugar de una sonrisa ponen una cara y dice, ¿qué hago con esto?

Tres historias tristes.  Tres adultos, niños mayores, que hacen lo que ellos creen (lo que de pequeño han tenido que oír) que es lo "correcto", que los hijos tienen que amar a los padres, respetarlos y cuidarlos, pero que nunca han sido valorados, apoyados ni -posiblemente- amados. Adultos que desde su infancia están mendigando cariño, reconocimiento y respeto. A dos de ellos, sí los han querido cuando eran pequeños, pero luego, más tarde ese amor se ha visto traicionado o truncado por el motivo que sea. Tres adultos que van a visitar a sus padres, soñando con que ésta vez las cosas serán diferentes, que finalmente van a poder hablar de verdad y habrán estos abrazos y gestos de cariño que sus almas anhelan.

Lo que nunca se puede hacer es decirles que rompan con su familia, sería horrible decir una cosa así. Pero sí les puedes hacer preguntas cómo:
  • ¿Realmente quieres visitar a tus padres si te tratan de esta manera que a ti te produce tanto dolor?
  • ¿Realmente crees que por volver y volver y repetir cada vez la misma historia tan triste, algún día habrá un milagro inesperado y la relación entre tu y ellos cambiará?
  • ¿Alguna vez te has preguntado por el verdadero motivo de tus repetidas visitas? ¿Vas porque crees que esperan de ti que vas? ¿Por ser un buen hijo/buena hija? ¿Porque crees que están encantados con tu visita (la tuya y de tu familia)? ¿Crees de verdad que lo esperan de ti? ¿Les has preguntado si les hace ilusión que vayas a verles? ¿Si el momento de tu visita es oportuno?
  • ¿Alguna vez te has preguntado quién de vosotros lo está pasando bien? Y, si nadie está bien, ¿conviene repetir y repetir este ritual carente de cariño, respeto y acogimiento?
  • ¿Qué te gustaría decirles? ¿Saben lo que sientes? Y tu, ¿sabes lo que sienten ellos? Puede ser que tienes claro lo que necesitas tu (cariño, respeto, alguna frase que te hace sentir querido, una frase que te hace saber que se sienten orgullosos de ti, etcétera), pero ¿también tienes claro que es lo que ellos necesitan de ti? 
Entiendo este anhelo, este deseo de que "esta vez la cosa será diferente", vaya si lo entiendo. Pero también he entendido que hay veces en que no vamos a encontrar aquello que nuestro alma busca allí -fuera- donde lo esperamos encontrar. A veces es sano cortar o, por lo menos, poner un límite. Si un determinado comportamiento solamente aporta malestar y está bien comprobado que "la cosa" no se sana, hay que cerrar capítulos. ¿Que duele? 
Claro que duele, pero prolongar una relación dolorosa y falta de respeto a la larga duele más.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, me e sentido identificado con esas personas, las entiendo a veces uno no quiere reconocer que uno de los ser mas importantes de tu vida, aparentemente no les interesas. Y es doloroso. Y si de por si somos seres solitarios, romper con la familia ya parece el colmo.

Anónimo dijo...

Gracias al programa de Cronicas descubri como soy y al seguir buscando informacion di con tu blog y compre tu ultimo libro.
Solo queria darte las gracias por ayudarme a descubrirme a mi misma en el momento de mi vida que mas perdida estaba. Ha sido toda una revelacion para mi.
Me siento muy identificad con estas historias sobre familia y las preguntas totalmente acertadas para mis respuestas. Siento que todo el esfuerzo que he hecho yo, mi marido y mis hijos ha sido no diria inutil sino innecesario porque ahora a raiz de un problema familiar ha sido cuando verdaderamente me he dado cuenta de lo poco que me respetan y me valoran y de que cuando me he distanciado de ellos me he encontrado mejor con migo misma y con los mios a los que pido perdon por no haber querido dejar de buscar donde no habia nada y ellos si que se daban cuenta.
Muchisimas gracias con todo el corazon.