miércoles 1 de febrero de 2012

Cita del Día

“Es probable que se olvidan qué les hayas dicho, pero no se olvidarán del sentimiento que les hayas producido”. 
Carl W. Buechner

domingo 8 de enero de 2012

La Alta Sensibilidad y la soledad

Foto: Karin van Kammen
En varios sitios y foros de la web donde se reúnen los PAS y también en correos que me han llegado, he visto comentarios sobre la soledad en la época de fiestas. ¿Qué os parece, por ejemplo, de este comentario?:

“Feliz y mejor año nuevo para tod@s. Espero que nadie se sienta tan sólo cómo yo me sentí la noche de fin de año rodeada de gente”.

Os suena?

Navidad se celebra con sus regalos, con sus cenas obligatorias seguido por la tradición de salir a la calle para felicitar a los amigos. Noche vieja se celebra con las uvas y después la fiesta con baile en casa de amigos. Reyes viene con más obligaciones. Las fiestas, tal como son celebradas por la gran mayoría de nuestra sociedad actual, se caracterizan por comer y beber, por “pasarlo bien”, por consumismo y por superficialidad. La publicidad en general (por la cual cómo PAS a veces te puedes sentir “atacado”) nos hace creer que no se puede celebrar sin familia y amigos, sin las carnes más exquisitas, sin marisco, cava, regalos suntuosos, ropa de gala…

Si, por otro lado, miremos las necesidades básicas de la persona altamente sensible, en seguida nos damos cuenta que algo no cuadra. El “pasarlo bien” para la mayoría de los PAS es tranquilidad, falta de estrés, intimidad, simplicidad, una buena conversación, y también soledad. Alguien dijo:

“Yo, el día 31, también rodeado de gente, sentí tanta soledad que tuve que encerrarme en mi cuarto y ponerme a leer y estar tranquilo, mientras todos estaban en el salón, de fiesta, bailando y cantando.” 

Aunque es cierto que también hay bastantes PAS a quienes les gustan las fiestas con mucha gente, e incluso las necesitan de vez en cuando para soltarse, es un hecho que la mayoría de las personas altamente sensibles busca otra cosa para poder sentirse bien.

¿Cómo es posible que te sientes solo cuando estás rodeado de gente? 
El hombre es un ser social, lo sabemos. Como ser humano necesitamos el contacto con otras personas. Son frases que a todos nos suenan, pero ¿qué significan? ¿Qué entendemos por ese “contacto”? Para empezar necesitamos a los otros en un plan muy básico: necesitamos al agricultor, al panadero, al constructor. Necesitamos al otro para que trabaje para nosotros, y para que trabajemos para él. Necesitamos a los otros que sepan hacer cosas que nosotros no sabemos hacer, que tengan talentos que nosotros no tenemos. Nos complementamos. Dependemos de los otros para nuestras necesidades fisiológicas y para nuestra seguridad. Aportamos a otros, recibimos de otros.

Luego necesitamos amigos, pero también colegas para sentirnos valorados, para saber que las cosas que hacemos tienen algún sentido. Queremos identificarnos con grupos más grandes para satisfacer nuestra necesidad de pertenencia. (¡Somos PAS!). Sabiendo que formas parte de un colectivo, te da seguridad… y no te sientes tan solo.

Y a partir de allí empiezas a compararte con la otra gente. Es una sensación extraña, la de descubrir que eres como los demás, pero al mismo tiempo eres una persona distinta. Eres Tu. Tu YO no es el mismo YO que el YO de tu amigo. ¿Qué solemos hacer? Solemos buscar las cosas que tenemos en común con la otra persona para… sentirnos menos solos.

Volvemos a las fiestas. Los PAS suelen ser personas que necesitamos conectar con otras personas, pero no nos satisface un contacto superficial. La superficialidad está bien para un rato –mantener un contacto a nivel profundo todo el tiempo es imposible y agotador– pero no nos suele gustar como regla del juego. No nos aporta nada. No podemos aportar nada. Justamente estas fiestas, las fiestas alrededor de la Navidad, son fiestas especiales. Son, digamos, fiestas de conciencia. Muchos PAS sienten cierto anhelo interior que tiene que ver con valores muy profundos como honestidad, justicia y amor al prójimo. Las fiestas tal como son reflejadas en la publicidad nos chocan como mentira. Como falsas. Como frívolas y abusivas. Puede ser que en cierto nivel sentimos, añoramos, el deseo de celebrar justamente estas fiestas de acuerdo son su espíritu verdadero.

Si queréis leer un poco más sobre este tema, podéis leer el artículo que publiqué hace dos años: "El mes más especial del año". Si nos encontramos pues en un grupo de gente que no comparte nuestro deseo de celebrar de la manera como a nosotros nos gustaría, lo que ocurre es que nuestro deseo de conectar, de formar parte, no se ve satisfecho. Con otras palabras, simplemente no te sientes identificado con el grupo: vamos buscando las cosas que tenemos en común con los demás, y nos quedamos con las manos vacías. Con el corazón vacío. El corazón vacío iguala soledad.

Y esto, queridos amigos, me lleva a una frase de Eckhart Tolle:

La verdadera inteligencia obra en silencio

El verdadero comprender ocurre en silencio. La soledad es silencio y es el encuentro con uno mismo, con ese YO que vive en el núcleo de tu ser. Claro que esto puede ser una experiencia que al principio no guste, que –incluso– da miedo. A lo mejor no te gusta la persona que vas encontrando en el fondo de tu ser. La tendencia lógica es no querer verlo. Sin embargo, es allí, en el fondo de nuestro ser, donde crecemos, donde evolucionamos. Solamente cuando encontremos el coraje de mirarnos como realmente somos –y no solamente nuestra parte luminosa–con todos nuestros “defectos” y carencias, con todos nuestros oscuridades y partes desagradables, podemos tomar la decisión de mejorar.

La publicidad, una vez más volviendo a ella, nos hace creer que estar solo es malo, es triste, que es algo a evitar. Si pasas las fiestas en soledad, pues, chico, será porque haces algo mal. Y si quieres pasar las fiestas en soledad, casi peor, porque eres raro. Mentira.

El secreto es que, contrario a lo que esas imágenes nos quieren hacer creer, siempre estamos solos. Nacemos solos y morimos solos. Y esto no es triste. Es inherente al ser humano. Compartir con otros seres humanos es una necesidad vital, pero aprender a no tener miedo a la soledad, también lo es. Un paso más, queridos amigos, es saber valorar la soledad.

Como PAS es especialmente importante saber estar solo. La soledad en nuestro caso es una medicina. Es el espacio íntimo que –algunos más que otros¬– necesitamos para cargar nuestras pilas, para generar y cultivar nuestra creatividad. Lo necesitamos siempre, durante todo el año, pero posiblemente más aun en la época de Navidad. Acabo esta parte del newsletter con la otra mitad de la frase de Eckhart Tolle:

Silencio es donde se encuentran la creatividad y las soluciones para todo tipo de problemas

¡Qué tengáis un muy buen mes de enero!

lunes 2 de enero de 2012

Queridos Reyes Magos

Este año me gustaría pedirles su mágica ayuda para que yo pueda cumplir con los difíciles objetivos que me he propuesto, temas en las que tengo puestas mis ilusiones. 


Como sabéis, soy una persona altamente sensible. Esta cualidad (que por muchos es llamado una condición para no entrar en peores definiciones) me aporta muchas cosas buenas, pero también a veces me dificulta la relación con otras personas. Así que, para empezar, queridos Reyes Magos, me gustaría pedirles paciencia. Paciencia para mi misma si veo que las cosas no salen a la primera. 


Si soy solter@, y me cuesta relacionarme, pido tiempo para mí, para poder entender por qué me cuesta tanto. Para, con paciencia, cambiar cosas en mí para que, cuando volvéis el año que viene, pueda recibirles junto con mi nuevo amor. Yo sé que necesito una pareja especial, una persona que me pueda amar tal como soy, pero también sé que mucho depende de mi, de mi forma de reaccionar, de mi forma de expresarme y de mi incapacidad de no poder establecer con claridad mis propios límites. 


Si estoy en una relación, queridos Reyes Magos, también pido paciencia. Porque, como bien sabéis, a veces parece que yo y mi pareja no nos entendemos. Es como, por mucho que nos queremos, hablamos idiomas distintas. Y a veces, esto me desespera. No quiero presumir, queridos majestades, pero muchas veces –y no entiendo exactamente cómo- yo sé cosas. Nadie me las tiene que explicar. Las sé. Y como a veces me tachan de loc@, he aprendido callarme. Y eso me duele. Quiero aprender, y por eso les ruego su mágica ayuda, a expresarme mejor. De decir, de una manera clara y entendible, que me pasa, que veo y, sobre todo, que necesito. No me importa ayudar a mi pareja, a mi familia, a los amigos, a los vecinos (y todos lo saben muy bien), pero a veces necesito desconectar. Queridos Reyes, pido que me ayudéis a aprender a decir NO. Necesito aprender decir no, aprender comunicar mis límites.

También, queridos Reyes Magos, me gustaría aprender no juzgar. Igual si soy solter@ o si tengo pareja. Me he dado cuenta que lo de juzgar me cuesta mucha energía. También me he dado cuenta que es una cosa fea que cierra la puerta entre mi misma y la persona que estoy juzgando. Quiero aprender de mantener las puertas abiertas. Me gustaría ser capaz de fijarme mucho más en las cosas buenas que las otras personas tienen, y de tener paciencia, comprensión y compasión con sus defectos. De comprender, conscientemente, que nadie es perfecto, y yo tampoco. Si a mi no me gusta que me juzguen, debería tener mucho cuidado de no juzgar a los demás. Para aprender todo eso, queridos Reyes Magos, pido vuestro ayuda. 


Podría pedir mucho más, porque sé, que para ser feliz y encontrar esa calma interior, tendría que mejorar en muchos otros aspectos, pero con esto creo que ya tengo suficiente para un año. Pero una cosa más sí me atrevo a pedir. Esa cosa se llama gratitud. Gratitud por todo lo que tengo, por todo que la vida me aporta y me enseña. No me quiero fijar en lo que me falta, porque sé que siempre me faltará algo. Quiero ser consciente de que la vida, a pesar de sus problemas que a veces parecen como enormes montañas que nunca podré pasar, también me aporta muchas cosas. Como persona altamente sensible tengo la capacidad de disfrutar de cosas aparentemente pequeñas -como el sol al amanecer, la luz que atraviesa las nubes, una flor y su perfume, la sonrisa de un niño y de mi pareja, y muchas otras cosas más- y pido, queridos Reyes Magos, que me ayudéis en tener esa capacidad de disfrutar y de maravillarme presente siempre. Dar gracias, tener gratitud hacia mí, hacia las personas y hacia el mundo es el primer paso para la plenitud.

Con esto, queridos Reyes Magos, creo haber pedido más que suficiente. Gracias por haber leído esta carta. Espero que les será posible ayudarme en mis deseos, y de no haber pedido demasiado, sabiendo que hay muchas personas en el mundo que necesitan de vuestra ayuda, personas que ni siquiera tienen que comer. Soy consciente de ello, y entiendo que sus necesidades son más urgentes que las mías.

Queridos Reyes, gracias anticipadas por vuestra ayuda y les deseo una muy buena noche.

martes 20 de diciembre de 2011

Las fiestas

Menos de cuatro días, y estamos en Navidad. Me gustaría desearos unos días para disfrutar de la calma, de la tranquilidad, de la compañía de amigos y familia. Espero que podéis manejar el estrés y el agobio, y que tengáis la posibilidad de tomar un tiempo para vosotros mismos. 

Esto lo digo, porque en mi alrededor he notado comentarios por el estilo de "ojalá que estos días pasen rápido" o "para mí todo eso no me hace falta" o "si de mí dependiera, ya estaríamos a mediados de enero." ¿Hemos olvidado de disfrutar de las fiestas? ¿Hemos olvidado que significan? ¿Pesan más las cosas negativas como la obligación, las expectativas de los demás, la falta de tiempo por tener que preparar unas comidas importantes, que el hecho que celebramos la fiesta del nacimiento de Jesús, o el nacimiento de la Luz, la fiesta del Amor y de la Paz? ¿La fiesta de la tranquilidad interior?
¿Por qué no tomamos unos minutos para preguntarnos qué es lo que significa Navidad para nosotros? Si puedes y si quieres, siéntate un ratito en un lugar tranquilo, cierra los ojos, respira profundamente, relájate y escucha el silencio interior. Y pregúntate….

  •  ¿Qué significan estos días para mí? ¿Se trata de dar y recibir regalos? Se trata de honrar una tradición religiosa? ¿De celebrar la vida? ¿Del contacto con la familia y amigos? ¿De tomar conciencia de lo que pasa en el mundo? Intenta conectar con tu interior y percibe lo que vive allí. 

  •  ¿Cómo quieres celebrar las fiestas? Una vez que has establecido la importancia que tiene Navidad para ti, puedes decidir qué es lo que te gusta hacer. ¿Qué es importante para ti? o Concéntrate sobre todo en las cosas que quieres y necesitas hacer, y no tanto en lo que "deberías" hacer, en lo que (tu crees que) tu entorno te pide. Muchas veces nos dejamos guiar por la obligación.
Una vez que tienes claro como te gustaría pasar tus días de Navidad y lo que significa esta fiesta para ti, apúntalo, haz un plan e intenta encontrar un equilibrio entre las obligaciones reales y tus necesidades. Tu alma, tu interior, es muy importante. Este es la época del año para cuidar esta parte tuya.

Simplifica. No todo tiene que ser absolutamente perfecto. Pide ayuda, elimina los excesos. Trabajar, preparar y adornar en conjunto puede ser parte de la fiesta, parte de conectar, pueden ser momentos de abrir el corazón hacia los otros. Vale más conectar que hacerlo todo perfecto y estresarse.
Y si decides de regalarte algo a ti mismo, ¿qué te parece regalarte tiempo para estar más tranquilo, para respirar, para relajarte y para rejuvenecer. Para cargar tus pilas. Es este el mejor regalo que te puedes hacer, porque te aportará energía, alegría, una actitud positiva y ganas de disfrutar.

Muy queridos amigas y amigos, que esta Navidad os aporte esa calma y paz interior, esa conciencia espiritual.

lunes 5 de diciembre de 2011

Salvador, Víctima o Acusador, ¿qué papel te es más afín?

En el último encuentro para Personas Altamente Sensibles hicimos un ejercicio que se llama el “Triángulo Dramático”, también conocido como el “Triángulo de Karpman”. Se trata de una herramienta que proviene de la Análisis Transaccional.
Había elegido este tema como uno de varios de los cuales creo que pueden ser beneficiosos para los PAS en su camino de autoconocimiento, un camino del que estoy convencida que es clave en la vida de la persona altamente sensible que busca aprender a encauzar su sensibilidad, convirtiendo aquello que en muchos casos es un lastre en algo positivo -vamos, en el don que es.

El triángulo dramático, ¿qué es?
Básicamente es un juego, un baile, entre tres roles, tres comportamientos que las personas podemos tener: el comportamiento de la víctima, el comportamiento del salvador y el comportamiento del llamado acusador o perseguidor.
Vamos a ver. Tienes una conversación con alguien y de repente te das cuenta que no avanzas nada, que la conversación se estanca. O te das cuenta que los interlocutores se están repitiendo de manera negativa. O te das cuenta que tu manera de reaccionar no coincide con tus intenciones.

Si esto pasa, es probable que tú y tu interlocutor habéis entrado en el “triángulo dramático”. Si el tono de la conversación ha dejado de fluir, si el tono ameno ha cambiado a un tono agresivo o conflictivo, es más que probable que los interlocutores estén manejando patrones fijos de comunicación. Dichos patrones se basan en una de las tres posiciones del triángulo: las posiciones de la víctima, del salvador y del acusador.

Cada rol es promovido por una emoción, los tres roles siguen un patrón más o menos fijo del cual cuesta salir, ya que el comportamiento de uno “invita” el comportamiento del otro, y viceversa.

El acusador 
El comportamiento del acusador, también llamado perseguidor, se basa en un sentimiento de rabia, de enfado. Lo que busca es castigar y reprochar. Es más: se siente justificado para castigar. Los patrones que utiliza, o sus frases típicas, son, por ejemplo: «Si no fuera por ti, ya lo hubiéramos solucionado, acabado, etc». «Y eso, ¡después de todo que he hecho por ti!» «De mi no esperes nada. Te había advertido». El acusador suele utilizar los puntos débiles de los otros para poder culparles.

El salvador 
Es este un papel que para la mayoría de los PAS es fácil de reconocer. El salvador quiere ayudar, quiere salvar y quiere solucionar los problemas de los demás. Suele intervenir sin haber recibido ningún tipo de pregunta: percibe un problema, una carencia, y se apresura a remediarlo. Claro, para que pueda entrar en este rol, necesita una víctima. El salvador utiliza frases como: «Tengo la solución, pero no me escuchas.» «¿Por qué no haces A, B o C?» «¿Dónde estarías sin mi?» «Ya les enseñaré lo bueno que soy.»
El salvador cree saberlo todo, y con su comportamiento se asegura de la dependencia de la víctima. En el fondo se siente superior.

La víctima
Lo interesante del papel de la víctima es que el triángulo existe gracias a él. También es un rol que los PAS suelen conocer muy bien. La víctima suele caracterizarse por su postura pasiva y triste, y reacciona desde la posición del indefenso: tiene miedo (hasta pavor) a todo – a lo nuevo, a cometer errores y a arriesgarse de la manera que sea. El miedo le puede paralizar y le puede causar ataques de pánico.
Es interesante observar que puede jugar su papel de dos maneras, como “el pobrecito” –con lo cual invita el rol del salvador– o como “el irritado o el pegado” –con lo cual invitará el rol del perseguidor.
De la víctima conocemos frases como: «No puedo.» «Es terrible, ¿no te parece?» «Pero no encuentro más gente como yo.» «Si, pero…» «O, Sr. Doctor, ¡es usted maravilloso!» (Poner la gente –el Salvador– en un pedestal).

La interacción 
Imagínate que el Salvador –S– decide ayudar a Victima –V–. V está contento y espera que S le resuelva la vida. Tarde o temprano llega el momento en que S se cansa porque V se engancha de él y no mejora ni sigue los consejos que le da. Si esto ocurre, se cambiará el paso del baile, de manera que S cambia de rol y se coloca en el rol del Acusador –A–. «¡Cómo esperas mejorar si nunca me haces caso!» Incluso es posible que S se coloca en el rol de V: «No puedo más. He hecho todo para ayudarte. Te he dado todo. Me siento utilizado». Con esto, V no puede quedarse en su rol, y también tendrá que cambiar de posición en concordancia con el nuevo papel asumido por la persona que empezó como S. Este tipo de juego o baile vamos encontrando en cada relación. Es más, cada relación tiene su propio patrón. La pregunta lógica sería:

¿Qué saca cada uno del juego? 
El Acusador evita involucrarse. Nunca tiene la culpa de nada y no se responsabiliza. Tal vez lo más importante es que puede mantener a todo el mundo a una distancia segura, con lo cual nadie llega a conocerle.
El Salvador se puede sentir importante, y hace que los otros dependen de él. Mientras se puede ocupar de la vida de los otros, tiene la excusa perfecta de no mirarse a si mismo. Esto es uno de los motivos porque el PAS se siente cómodo en este rol, y encima puede demostrar al mundo que es muy, pero muy buena persona. La mala noticia es que, mientras que se involucra a salvar a S, se va agotando. Tarde o temprano tendrá que tirar la toalla y cambiar de rol, simplemente porque físicamente no puede continuar como Salvador. ¿Y la Víctima?
La Víctima no tiene que pensar, ni tiene que tomar decisiones o asumir la responsabilidad. Si no fuera porque S se cansa de cuidarle, probablemente siempre se quedaría en la comodidad del papel de Víctima.

¿Por qué se llama el Triángulo Dramático?
Hablamos de “drama” porque, como en el clásico drama griego, este juego tiene un desarrollo previsible y siempre es negativo. El problema está en los actores no se hablan como iguales, sino que en cada diálogo siempre hay un rol que se siente superior, y otro que se siente inferior. Un factor añadido es que especialmente el Salvador le niega a la Victima su propia responsabilidad y, por eso, le quita la posibilidad de crecer.

Aun así es muy importante tener en cuenta que se trata de roles basados en sentimientos, en actitudes: Uno NO ES Salvador, Acusador o Víctima, sino, que durante el juego se comporta como tal.
También es importante saber que una persona puede jugar varios roles a la vez.

¿Cómo puedes evitar entrar en el juego? 
Ante todo es importante tomar nota del juego y entender su mecanismo. Luego hay que ser capaz de ir identificando tu manera de participar en juegos de este tipo, sabiendo que, como PAS, tienes cierta tendencia a los roles del Salvador y de la Víctima.
El conocimiento de tus características como PAS y de la manera en que el Triángulo se puede perpetuar, puede ayudarte a simplemente no entrar, sino de verlo venir. Esto te permite reaccionar de forma adulta, honesta y positiva, al mismo tiempo que tomes responsabilidad de tus actos, palabras, pensamientos y emociones.
Es importante no exagerar sobre ti mismo, no generalizar y mantener tus mensajes claros y específicos. «Nunca me comprenden» no es lo mismo que «Esta vez X no me comprende».
No ataques, no acuses. Si hay un problema, no lo tragues pero háblalo lo más rápido posible con la persona responsable; evita por tanto el cotilleo. Recuerde, los problemas no desaparecen con ignorarlos; a contrario, se hacen más grandes…

El Triángulo es un tema fascinante con muchas capas. Solamente os he pintado la primera por no complicaros la historia demasiado, y por no saturaros. Si te interesa investigar más, hay mucha literatura sobre el tema. Aun así puede ser un buen ejercicio el de ir observando los triángulos en tu vida para ver cómo se desarrollan y como se siguen perpetuando los roles hasta que alguien hace algo por salir de su rol (cualquiera de los tres) con lo cual el baile acaba.

Por el momento no me queda nada más que desearos muy felices fiestas. Qué tengáis unos días muy especiales en un ambiente lleno del verdadero espíritu navideño.

domingo 6 de noviembre de 2011

Desde la irritación al conflicto, ¿cómo evitarlo?

foto C.Broers
Casi todas las relaciones se caracterizan por un periodo de intenso enamoramiento, seguido por un tiempo de creciente desencanto que empieza con pequeñas irritaciones que van a más y acaban en críticas, impaciencia, discusiones y –por último- conflictos que posiblemente marquen el fin de algo que empezó como la ilusión más grande de tu vida. Y no hablemos del dolor. Mucho dolor e incomprensión.

Sé que os suena. En los años que llevo trabajando como coach especializado en personas altamente sensibles, he escuchado muchas historias como estas. Incluso se presentan en personas con una moderada sensibilidad, pero en los PAS vemos unas características especiales como, entre otros, el enamoramiento profundo con la convicción que este es el gran amor, irritaciones específicas que tienen que ver con el rasgo, y la supresión de esa irritación por miedo a la discusión y al conflicto (y a la perdida de la pareja).

La mayoría de los PAS tiene mucho miedo al conflicto. A veces incluso pánico. Personalmente os puedo decir que yo hace años solamente me percibía como pacifista. Esto era antes que sabía del tema PAS y de que yo formaba parte de este gran grupo de gente, antes de aprender sobre nuestro rasgo y antes de entender la actitud del PAS ante conflictos. Llegué a comprender que me llamaba pacifista por la simple razón que quería tener la perfecta excusa para evitar todo tipo de conflicto. (Por cierto, sigo siendo pacifista, pero ahora desde otra perspectiva).

Después empecé a estudiar el tema de conflictos – por que se produce un conflicto, cual es su mecanismo, como se puede evitar y como se puede solucionar. Os aseguro que es un tema fascinante.

Cuando el PAS –o por lo menos la mayoría de ellos– se ve en una situación conflictiva se siente muy vulnerable e indefenso. Generalmente la otra parte levanta la voz, suelta una cantidad de acusaciones e intenta convencernos de sus razones. Dependiendo de la persona, hay gente que va muy lejos para poder ganar un conflicto. He oído de casos de mentiras gordas, malos tratos y hasta mobbing. Cuanto más agresivo el ataque, más se bloquee el PAS. Intentará ignorar el conflicto. Si esto no es posible, es capaz de darle la razón a la otra persona hasta incluso creérselo todo y sentirse culpable. O, si no llega a sentirse culpable, puede llegar a sentirse víctima (ya que no suele disponer de herramientas adecuadas para defenderse).

¿Qué podemos hacer?
Para empezar, desde luego disfrutar a tope de ese período del enamoramiento, pero igual entregándote un poco menos y menos rápido. Menos de «todo o nada». Cuando, después de la primera euforia, empiezas a notar las primeras irritaciones, hay que estar muy alerta. Estos sentimientos que aparentemente son tonterías, suelen formar la base de las discusiones que más tarde surgirán. Presta atención a pensamientos que son una crítica interior al comportamiento de tu pareja (o de tu colega o quien sea). No intentes callar esos pensamientos pero investígalos. Investiga por qué te molesta determinado comportamiento. Ponte en el lugar del otro y pregúntate por que hace tal o cual cosa. Seguro que no lo hará adrede para irritarte.

Si la irritación persigue tendrás que aprender estilos diferente de comunicación, ya que tendrás que hablar sobre ello. Recuerda: ignorar un tema no hace que desaparezca; lo hace crecer. Una técnica de comunicación que me gusta mucho, es la Comunicación No Violenta. Otra técnica que me gusta consiste en el siguiente método:

  • Hazle saber a tu pareja que necesitas hablar con el/ella. Mirar agendas y decidir sobre una hora que va bien a los dos (tiene que haber un buen margen de tiempo para evitar el estrés).
  • Llegado el momento hay establecer reglas y mantenerlas. Por ejemplo: decidir que cada uno tiene cinco o diez minutos para hablar sin ser interrumpido. Luego se cambia el turno. También es importante estar de acuerdo que cada uno puede hablar sin ser juzgado o ridiculizado.
  • Es una buena práctica empezar este tipo de conversaciones con una especie de ritual en que cada uno –por turno- expresa su amor/cariño/respeto por la otra persona, nombrando todos los puntos y características que valora en el otro.
  • Cada uno habla estrictamente desde su «yo» sin acusar o atacar al otro. Formulas frases como: «Cuando he visto esta mañana que no estaba puesto el tapón al tubo de pasta de dientes, sentí mucha irritación, ya que ayer y anteayer también lo había visto. Siento irritación por que la pasta se está secando y la parte seca siempre hay que tirarla mientras que prefiero no tirar nada.» O bien: «Me irrito porque tengo que limpiar la balda, y me da trabajo extra tener que poner el tapón». Expresa necesidad de ser respetado, y comunica tu deseo para qué el otro tenga en cuenta tus necesidades.
  • Es importante que las dos personas entendéis que este tipo de conversación no es un espacio para expresar críticas y reproches. Es un espacio en que llegas a conocer mejor a tu pareja. Es un espacio para profundizar más en la forma de sentir y de pensar de la persona a quien amas. El objetivo es cuidar y solidificar vuestra relación.

Claro, también hay momentos y relaciones en que este tipo de trabajo preventivo no es posible y en que el conflicto (latente) ya se ha formado. ¿Qué puedes hacer, por ejemplo, cuando alguien te insulta? En Facebook, en el grupo «La Persona Altamente Sensible» hay un interesante hilo de conversación sobre este tema. Isabel Sanchez comenta que se echa a reír y dice algo como: «¿En serio?» Según ella funciona muy bien y la otra persona se queda tan sorprendida qué el tema pierde su punto venenoso. Aun así, sentirte «insultado» depende de ti. Siempre puedes elegir no darte por aludido. Me explico: Aunque la otra persona te diga que eres débil o lo que sea, para nada quiere decir que realmente lo seas. Lo único que se puede decir es que esa persona te percibe como débil. (Ojo, conviene preguntarte si a lo mejor te conviene aprender herramientas que te hagan sentir más fuerte, eso sí).

Por mucho que te duela algo que te digan (otra vez, sentirte dolido es una opción) hay una cosa que es importantísimo que no lo hagas: bloquearte y callarte. Como PAS tenemos esa tendencia, pero os aseguro que es totalmente contraproducente. Entiendo que te bloquees, entiendo que te sientas tan herido que no te ves capaz de reaccionar, pero conviene que entiendas que con este tipo de comportamiento lo único que consigues es que la otra persona se enfurece más. Si la otra persona no es PAS, casi seguro será incapaz de entender tu reacción. Utiliza tu capacidad empática –por mucho que te cueste en medio de un conflicto– y colócate en la situación de la otra persona que te está exigiendo explicaciones. Respira profundamente y dile: «Te he oído. En este mismo instante no te puedo contestar. Si quieres hablamos en otro momento sobre el tema». Y claro, hay que decidir sobre el momento de esa conversación, ya que hablarlo es importante. No olvides de establecer reglas (del tipo que he mencionado antes) para la conversación. También puedes considerar la opción de tener una conversación por escrito.

Si te cuesta tener esa conversación, pide la ayuda de algún familiar o amigo. O piensa en la posibilidad de utilizar el servicio de un mediador en conflictos. Como sabéis, el mediador es una persona imparcial cuyo trabajo consiste en vigilar que cada una de las partes tenga la oportunidad de expresar -sin ser interrumpido- el conflicto desde su propio punto de vista, después de lo cual facilita el diálogo con el objetivo que entre los dos vayáis encontrando soluciones. Un mediador no es un arbitrio y no aporta soluciones. Un mediador que es PAS entenderá tus dificultades de expresarte y hará todo lo posible para que tengas tanta oportunidad de explicarte como la persona con quien tengas el problema.

Espero que esta información os haya sido útil. Por supuesto podéis contar con mis servicios de coach especializada en personas altamente sensibles, y de mediadora en conflictos. Os comento que en los encuentros para PAS que organizo, siempre trabajamos alguna herramienta o dos que tiene que ver con la comunicación. Repito que el siguiente encuentro en Algaída tendrá lugar el día 26 de noviembre, y que quedan plazas. Más información en: en el blog sobre los encuentros en Mallorca.