viernes, 18 de abril de 2014

Cita del Día

“Cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida nos perfecciona y enriquece más aún por lo que de nosotros mismos nos descubre, que por lo que de él mismo nos da”.
Miguel de Unamuno

miércoles, 9 de abril de 2014

La Persona Altamente Sensible en la Cama

Hace unos días, en Facebook, alguien colgó un artículo con el título: La posición de una pareja al dormir puede revelar mucho sobre la relación. Curioso artículo y una perspectiva interesante que, no lo dudo, dice mucho sobre las parejas y su relación. Sin embargo, la cosa puede ser más complicada si uno de los dos es una persona altamente sensible. Vamos a ver qué pasa...

Como os he explicado más de una vez, el PAS tiene los sentidos muy desarrollados, o sea, percibe todo con mucha más intensidad que una persona con una sensibilidad, digamos, normal. Es un hecho que sus ojos registran un sinfín de detalles que la mayoría de personas no ven, pero también huele con más intensidad, escucha más y tiene un tacto muy sensible. Se dice que la alta sensibilidad es un don, y estoy de acuerdo: lo es. Tener mucha sensibilidad te permite disfrutar de las cosas en un nivel muy profundo, algo que aporta un enorme enriquecimiento anímico-emocional.

Estás vivencias intensas sin embargo, no solo suelen aportar alegrías. Una elevada sensibilidad puede traer problemas en el día a día, y bastante se suele hablar de ello. Entre los muchos momentos en que el PAS puede tanto disfrutar de su sensibilidad cómo verse afectado por ella, está el momento de compartir la cama con su pareja, sobre todo si la pareja no es PAS y no entiende ciertas reacciones de su querid@ PAS.

La gran mayoría de PAS dicen preferir dormir solos. Esto no lo digo yo, sino que fue el comentario predominante al responder al artículo citado. Lo confieso, no me extrañó nada; de hecho yo también pienso así, pero con el matiz de que mi pareja es PAS, no cuestiona mis rarezas y me siento bien durmiendo a su lado.

La preferencia de dormir a solas encuentra su explicación en el hecho de que nuestros sentidos siempre se encuentran en estado de alerta. Los que habéis leído el libro de Elaine Aron, seguramente os acordáis de la historia que cuenta sobre el incendio en su casa cuando era niña: cómo ella se percató del olor del humo, despertó a sus padres y logró salvar a su familia. Es un ejemplo extremo, pero sí explica algo sobre cómo dormimos los PAS. No solamente nos cuesta desconectar, sino que, incluso estando desconectados, seguimos percibiendo olores, ruidos, texturas

A muchos PAS les cuesta “soltar” el día, soltar las vivencias, soltar las preocupaciones. Esto para empezar. Si encima tenemos a nuestro lado a una persona que nos aporta información sensorial que en ese momento no precisamos, más nos va a costar dormirnos. Si digo “información sensorial”, en este caso en concreto pienso en cosas aparentemente tan inocuas o insignificantes como puede ser el contacto físico de otro cuerpo (su diferente temperatura, su peso, algún pelo que hace cosquillas…), el flujo de su aliento en nuestra cara o en la nuca, el ritmo de su respiración o algún sonido que es producido por la persona de al lado, como la misma respiración o su ronquido. Evidentemente molesta todavía más si la otra persona se mueve mucho durante el sueño. Y, escribiendo esto, me viene a la mente un novio que tuve, que tenía la costumbre de despertarse de madrugada, encender la luz y leerse un buen libro. Aunque le dijera que tanto la luz como el sonido al pasar las páginas me molestaban, él siempre me decía con mucho cariño: “Tu, tranquila, no pasa nada. Duerme. Solo quiero leer un rato”. Ahora, sabiendo de la alta sensibilidad y todo lo que conlleva, me río, pero en aquel momento me exasperaba el hecho de no sentirme comprendida.


El sexo
Ahora que estamos hablando de “La Cama” quiero aprovechar de decir unas palabras más sobre un tema importante del que no se suele hablar mucho entre los PAS. Es comprensible, porque es algo íntimo y, aparte de que los PAS suelen ser muy recelosos en cuanto a su intimidad, también es verdad que generalmente somos un poco vergonzosos.

Evidentemente somos muy diferentes y no hay reglas generales, pero sí hay ciertas “constantes” en cuanto a la experiencia de estos momentos tan íntimos como la vivencia del sexo. Claro, la enorme sensibilidad puede darnos experiencias extraordinarias como llegar a ver colores o llegar a escuchar la música más bella. Pues sí, para la mayoría de los PAS, hacer el amor es algo no solamente muy intenso, sino también muy profundo. Sin embargo, es un hecho que la extrema sensibilidad de nuestros sentidos también puede aportar momentos de malestar. Más de un cliente me ha contado cómo, en estado de excitación, su piel se hace tan sensible que el contacto de otro cuerpo, el simple roce, le produce una sensación de dolor. Si no sabes que esto es algo que te puede pasar como PAS, existe el triste riesgo de que te veas como una persona con graves problemas sexuales. Ahora, sabiéndolo, no solamente lo podrás explicar, sino incluso puedes decidir cambiar un poco el juego erótico, tomándolo con más calma y, por ejemplo, con pequeñas pausas.

Aparte de eso, conviene tener en cuenta el fenómeno de la saturación. Sabiendo que los sentidos del PAS captan miles de veces más información que los sentidos del no-PAS, comprenderás que puede pasar que la intensidad con que vives el juego amoroso te llegue a saturar y que te bloquees en el momento menos oportuno. Tranquil@, querid@ PAS, admito que puede ser muy frustrante tanto para ti como para tu pareja, pero de nuevo insisto en la necesidad de pensar en maneras de limitar el exceso de información que vayas recibiendo… seguro que se te ocurren modos de minimizar luces, sonidos, perfumes, estrés por tener poco tiempo, ya que es por ahí por donde van los tiros.

Si tu relación sufre problemas de este tipo y si tu pareja no es PAS, igual es una buena idea intentar explicar tus vivencias desde la perspectiva PAS. Evidentemente puedes enseñarle este artículo para mayor claridad, y si te queda alguna pregunta respecto al tema o si te interesan unas sesiones de coaching para trabajarlo, ya sabes donde encontrarme. 

lunes, 10 de marzo de 2014

HSP, enamorarse y la dependencia emocional


Ha empezado el bonito mes de Marzo, el mes en el que –por lo menos en el hemisferio norte- se nota por todos los lados que la primavera está a punto de empezar. El aire parece más vivo, los rayos del sol cada día son más cálidos y más intensos y mires donde mires, parece haber más ligereza en las emociones y en las relaciones personales. El sol ha vencido a los días oscuros del invierno, y se nota. 
Es también el mes en que mucha gente se enamora. Enamorarse tiene algo de querer expandirte, de hacerte más grande y de incorporar a otro ser humano a tu campo energético. La naturaleza se expande, las personas también. El sol, el aumento de las horas de luz y la temperatura, nos invitan a expandir. Si cierras un momento los ojos y consigues sentir esa emoción de estar enamorado, notarás esa sensación de expansión, ¿no es cierto? 
Es maravilloso, estar enamorado, creo que todos estamos de acuerdo. Pero si eres PAS, ese enamoramiento puede ser un camino lleno de trampas. La mayoría de esas trampas están relacionadas con, precisamente, esa sensación de expansión.
Al expandirte, al hacerte más grande, tus antenas emocionales (la metáfora de las flechas de Cupido me parece ¡absolutamente genial!) salen afuera y se centrarán en el objeto de tu amor. Como PAS, es probable que te fijes mucho más en él o ella que en ti mismo, en tus propias necesidades, y harás lo que puedas para agradar a esa otra persona. Cuando mi amorcito está feliz, yo también lo estoy. Das de tu tiempo, de tu energía, de tu corazón (a veces también de tu bolsillo) y no paras de dar mientras que posiblemente te olvidas a ti mismo en el proceso.   
Así puede pasar que pases un tiempo felizmente enamorado, nutriéndote del gozo y del bienestar de tu pareja. Es la imagen de esa persona feliz y contenta que te da la sensación de que los dos tenéis algo muy especial. Cada vez estás más pendiente de él o de ella… le miras y le observas para ver si está bien o si a lo mejor necesita algo. Y cuando notas alguna carencia, en seguida vuelas para aportarle lo que, según tu, necesita. Te gusta mimarle, ¿verdad? Y si te hace saber mediante un beso, una sonrisa, una caricia o una palabra que te agradece el gesto, más feliz te sientes. Te demuestra que te quiere. 
Con el tiempo la nueva relación se convierte más rutinaria; el lógico resultado del hecho de que os vais conociendo mejor. Mientras que tú, como PAS, sigues sacrificándote por tu amor para hacerle ver que estás por él o por ella, tu amorcito a lo mejor se va asentando en la comodidad y cada vez recibirás menos gestos amorosos. Quizás te esforzarás más y más, porque  estos gestos son muy importantes para ti. 
¿Te acuerdas de los saboteadores? Pues, los saboteadores adoran las dudas. Pensamientos de tipo: “Antes me daba un beso cuando le traía el café, hoy no me lo ha dado. Igual no me quiere ya”, “Se ha ido sin despedirse, ¿estará mosqueado conmigo?” son claros síntomas de que la duda, la inseguridad se ha instalado en tu corazón. Y así puede pasar que, poco a poco y sin que te des cuenta, llegues a crear una dependencia emocional... 
La dependencia emocional es el resultado de permitir que tu felicidad dependa del bienestar de tu pareja. Igual no te gusta escuchar esto, pero mientras busques la felicidad fuera de ti, como por ejemplo en los gestos de las otras personas, nunca la vas a conseguir.  Y no solo esto, te vas a agotar y te vas a estresar. ¿Y tu pareja? Pues, a lo mejor no me crees, pero es más que probable que se canse de ti y de tu continua atención. Se agobiará y se alejará, y te quedarás sin pareja y con un enorme dolor, un enorme vacío, un abismo en tu corazón. 
Lo sé, porque he estado allí. No una vez, sino varias veces. No lo entendía ya que, según mi idea, hacía lo que tocaba hacer en una relación: sacrificarme por el otro. Mientras tanto me he dado cuenta que no es así. Mientras tanto he aprendido que la mejor manera de perder un amor, es anularte a ti mismo sacrificando tus intereses, tus amigos y tus valores. Solamente si no renuncias a quien eres puedes amar desde la libertad. Cuando te amoldas a las (imaginadas) necesidades de la otra persona, sacrificas tu ser y vas regalando tu identidad. Si regalas lo que tú eres a otra persona, es lógico que te hagas dependiente. Y, ojo, no digo que no sea bueno compartir, que no sea bueno mimar a tu amor. Digo que si lo haces, que lo hagas porque te da la gana y no porque necesitas agradar a cambio de gestos que vayan afirmando el amor que tu pareja sienta por ti.

¿Cómo puedes saber que has caído en la trampa de la dependencia?  
  • Tus familiares y amigos empiezan a quejarse que nunca tienes tiempo para ellos. 
  • Antes hacías cosas para ti, tenías tus hobbies; ahora solamente compartes los hobbies de tu pareja. 
  • Empiezas a notar ansiedad y pensamientos de tipo: “Ya no me quiere” o “¿Habré hecho algo que no le ha gustado?” 
  • Notarás cada vez más cosas en el comportamiento ajeno que en el fondo no te gusta, pero no te atreves comentarlo por miedo de generar un conflicto que puede resultar en que se acabe la relación (tu gran miedo). 
  • Buscas excusas todo el tiempo para explicar tu “entrega” y para minimizar los “defectos” de la otra persona.

¿Qué puedes hacer para superar la dependencia emocional? 
  • Reconocer tus excusas por lo que son y admitir que has caído en la trampa de la dependencia. 
  • Trabajar la autoestima. Lo puedes hacer solo (hay mucha información en libros) o con un coach o terapeuta. 
  • Retomar las amistades y los hobbies de antes. 
  • Aprende a estar solo/a.  
  • No eres víctima. Toma la decisión consciente de que tu eres el dueño de tu vida. Puedes elegir de afrontarla de manera positiva y pro-activa.
Recuerda: En una buena relación existe un equilibrio sano entre dar y recibir. Para conseguir esto es de máxima importancia que cada uno mantenga su propia identidad y que no sacrifique amigos, familiares, hobbies... Compartir, sí, ¡y mucho!, pero no sacrificarte, dando todo que eres, todo que tienes. Dar y compartir desde el verdadero amor, desde la libertad.

lunes, 3 de marzo de 2014

Conferencia Ourense sobre la alta sensibilidad, parte 1 y 2

Gracias a la invitación de la Fundación Cum Laude de Ourense (Galicia, España), pude dar una conferencia en el Liceo de dicha -maravillosa- ciudad. 

La conferencia (dos partes) fue grabada y emitida por Auria TV, un canal de televisión local. 

Gracias a los amigos que hicieron todo esto posible. Entre todos esperamos que el rasgo de la alta sensibilidad cobre más (re)conocimiento en los países hispanohablantes. 


La Primera Parte: 



Y si quieres ver la segunda parte,

pincha aquí


sábado, 1 de marzo de 2014

Dónde puedes encontrar mi libro...

¿Tienes ganas de darte un capricho? 
¿Buscas un libro interesante para obsequiar? 
Has pensado en mi libro que trata sobre la Alta Sensibilidad? Aparte de que es un buen regalo en si, ayudarás a que el rasgo de la Alta Sensibilidad se vaya conociendo más y más, con lo cual nos harás un enorme favor a todos los PAS, y especialmente a los niños que luchan con este rasgo y no saben muy bien como encauzarlo.
Lo puedes conseguir en formato papel, pero también en versión digital (pdf). Lo pides, y te lo mandamos. Aquí lo puedes pedir en la web. Pero también lo puedes conseguir en las siguientes tiendas: 

Palma:         Herboristería Tawara (Carrefour gen Riera)
                 Librería Dual
                 Librería Literanta
                 Librería Drac Magic
                 Librería Colon
                 La consulta de SaludNaturalmente (Sta Catalina)
                 Herboristería Biodespensa (Andrea Doria) 
Santanyi:    Ecoteca, C/Centre 6 
Campanet:  Masajes AJ

Lanzarote:  Librería Lanzarote 
Madrid:        Librería Paradox  
Malaga:      Librería Prometeo 
Ourense:    Librería Eixo 
Vitoria:       Consulta Marisa Fernandez

lunes, 10 de febrero de 2014

PAS y la vida en pareja


« Quiero que mi mujer me entienda. Es normal que uno necesite orden en casa. Ella dice que está todo ordenado, pero no es cierto. Nunca hay orden en casa. Sufro y no lo aguanto más. » 
« ¿Sufres?», pregunto. « ¿Puedes ser más concreto? » 
«Bueno, me molesta cuando llego a casa después de trabajar  y veo el periódico, los libros por el suelo,  los juguetes, la ropa de los niños... Me molesta que haya tazas sucias en el fregadero. Lo vivo como desorden pero a ella no le molesta en absoluto; dice que vivimos en una casa y no en un museo». 
No digo nada. Mi cliente suspira. «Si no hay orden, no puedo descansar. Empiezo a recoger, a fregar y Concha lo toma como una crítica. Supongo que tiene razón, la critico y mi manera de recoger tiene un cierto aire de “enseñarla”. Incluso te puedo confesar que en cierta manera quiero que se sienta mal. Son muy raros los días que no nos peleamos por temas así; ella me tacha de perfeccionista y  yo la veo como una desordenada ». 
«¿Siempre ha sido así  entre vosotros? » le pregunto. 
Daniel me mira y veo que mi pregunta le sorprende. Es curioso, porque en el fondo es una pregunta bastante normal. Parece ser que se ha olvidado de la época de recién casados sin niños, sin los tres perros y el gato que ahora tienen, en que había orden en casa o, que el desorden de entonces no le molestaba. Aparte de los nuevos inquilinos, ¿qué ha cambiado? 
Han cambiado cosas, claro que sí. Cuando se casaron, ambos trabajaban, ganaban bastante, vivían en una casita del campo con un alquiler muy bajo. A pesar del horario laboral que tenían, la vida era relajada. Tenían tiempo para disfrutar de su relación, hacían escapadas, disfrutaron de cuidar su huerto… Daniel me lo cuenta y veo cómo va cambiando su cara; por el brillo de sus ojos me doy cuenta de que en esa época se sentía feliz de verdad. 
Hasta aquí la historia de Daniel. Si eres PAS y si lees esto, me imagino que los temas del estrés y del perfeccionismo te son familiares. Interesante también me pareció la confesión de Daniel que busca “enseñarle” a su mujer. Castigarla. Es un perfecto ejemplo de la agresión pasiva… Tú te sientes mal, no sabes exactamente por qué y alguien tiene que “pagarlo”. Ese alguien suele ser la pareja o pueden ser los hijos, o incluso, los padres.



Tres temas 
Hasta aquí hemos visto tres temas que están relacionados entre sí. Sobre cada uno de los tres ya he escrito varios artículos que están publicados en mi blog. Ahora quiero decir algo sobre la combinación. 
1. Perfeccionismo: la mayoría de las personas altamente sensibles tenemos una tendencia al perfeccionismo. Percibimos mucho y en seguida nos damos cuenta de los “errores”. Lo pongo entre comillas, porque generalmente se trata de un juicio, de una opinión subjetiva. El perfeccionismo y un (casi) incontrolable afán de perfeccionarlo todo se disparan, cogen una vida propia cuando el PAS está estresado. 
2. Estrés: Cuanto mayor es el estado de estrés, mayor es la necesidad que todo sea perfecto (necesidad de controlarlo todo). En el estado de estrés vamos perdiendo el contacto con nuestro yo y las emociones se hacen más fuertes. Al mismo tiempo vas perdiendo el control… por lo cual buscarás retomarlo. Lo que pasa es no lo buscas en tu interior (“quiero controlar mis emociones”) sino en el exterior. Vemos como Daniel piensa que se sentirá mejor cuando su casa esté ordenada. Echa la culpa de su malestar a su mujer; su mensaje es: “Estoy mal, estresado, quiero calma, quiero orden; tú no recoges y por eso me siento peor”.
3. Agresión pasiva: Hacer algo para castigar a otra persona. En este caso Daniel se pone como una furia recogiendo y limpiando, para “enseñarle” a su mujer que ella “no es buena”. Pretende que ella reconozca que no da la talla, que no vale como esposa y ama de casa. Daniel no habla, no se lo comunica. No acusa verbalmente. Acusa a través de sus actos aparentemente impersonales, pero que van dirigidos a su mujer. Si ella se encoge de hombros y le deja hacer, mal, pero si se levanta y empieza a ayudarle, también mal. Es una situación que si no se aclara terminará en bronca.

En la sesión con Daniel vimos el lado destructivo de su comportamiento. Evidentemente su bienestar no depende del estado de orden de su casa, ni de la supuesta inactividad de su mujer. Es más, incluso llegó a decir que “el desorden”  en la situación descrita anteriormente no era para tanto, solamente que le pareció un caos cuando en realidad solamente había un periódico por el suelo, una taza de té en la mesa, cojines “no en la posición correcta”  y algún juguete por el suelo. Daniel es PAS, Daniel tiene un trabajo que le estresa mucho, Daniel había olvidado su necesidad de desconectar, de pasar tiempo en la naturaleza, de salir con sus amigos, de comer bien y de dormir lo suficiente. Se dio cuenta de que no estaba observando sus necesidades, que sus mensajes al entorno no eran claros. 
Una vez revisadas sus necesidades y lo que él mismo podía hacer para satisfacerlas de manera pro-activa (tomando responsabilidad  en lugar de culpar a su mujer), se sintió mucho mejor. Vimos que, cuando uno está metido en un espiral de estrés, le puede costar acordarse de las necesidades que tiene; es como vivir una especie de ceguera que nos impide contactar con nuestro Yo. 
A veces basta decidir sentarte unos momentos para determinar tus necesidades y a partir de allí actuar en consecuencia. Y ya sabes, como coach especializada en temas de la Alta Sensibilidad, estoy aquí para ayudarte (también vía skype).

martes, 14 de enero de 2014

Soy Altamente Sensible y el mundo no me entiende…

En los últimos días me llegan frases de este tipo… “Soy PAS, y no puedo con este mundo. La gente no me entiende”. O, con este variante: “Buenos propósitos no me faltan, pero tal como está el mundo hoy en día, me es imposible cumplirlos”. 

Echando culpas. Dejando toda la responsabilidad en manos de otros, para nada responsabilizándote por la parte que te toca. ¿No tiene que ver contigo? Pues sí, lo siento, siempre tiene que ver con uno… A lo mejor no cien por cien, pero de alguna manera llevas una medida de responsabilidad en todo que está ocurriendo. 

Ojo, no digo –ni diré- qué eres culpable. La culpabilidad es un concepto igual de tóxico como el de echar las culpas fuera. 

Culpa versus responsabilidad 

“Culpa” tiene dos lados. Creer que nada es tu culpa y que el mundo en si es culpable de tu situación, es uno. El otro lado es que tú mismo te declares (y te sientes) culpable 

1. En el último caso, el de auto-culparse, es importante que te preguntes sobre la medida en qué llevas una parte de responsabilidad en una determinada situación. Es importante hacerlo sin echarte la culpa o aumentar un (eventual) sentimiento de culpabilidad ya existente. Si te echas la culpa, automáticamente te quitas autonomía. Mientras si asumes responsabilidad, sin embargo, te colocas en una posición de autonomía personal, y te haces dueño de la situación. Y no solamente esto, ya que también ocurre lo siguiente: En el momento en que te declaras culpable de algo, le quitas a la otra persona la posibilidad de asumir su parte de la responsabilidad. O sea, lo que aparentemente parece ser un acto de “amor” en el fondo es un acto con el cual desvalidas a la otra persona, quitándole poder, y ambos salís perdiendo. Incluso iría tan lejos de calificarlo como un acto de agresión pasiva...   

Cómo PAS te puede pasar que, para quitarte encima un supuesto follón y evitarte una discusión a lo mejor emocionalmente difícil, optas por el camino más fácil y digas algo como: “Vale, ya, es mi culpa. No tenía que haberlo hecho”. Mientras que esto, lo de “no tenía que haberlo hecho” puede ser verdad, no significa que algo sea tu culpa. Más correcto sería pensar (¿Qué ha pasado, y por qué?), sentirlo y decir: “Siento haberlo hecho. Estaba cansada (o lo que sea) y no supe controlarme”.  De esta manera no se trata de culpa, sino de tomar responsabilidad y dejas el diálogo abierto para que la otra persona pueda asumir su parte de la situación. Entonces, podría ocurrir un diálogo de este tipo: “Es verdad, me habías dicho que habías tenido un día complicado, y yo te machacaba con el tema X. Lo tenía haber tenido en cuenta…” Cada uno asumiendo responsabilidad, cada uno quedándose con su parte, cada uno quedándose con su dignidad.

2. Ver tu entorno como el origen de tus problemas, echar la culpa fuera, es otra cosa que te quita poder. De hecho, en seguida te colocas en la posición de víctima, con todas las consecuencias de ello. A lo mejor pretendes emitir señales de “socorro”, pero cuando alguien intenta echarte un cable, existe la gran posibilidad de que no te apetece nada cogerlo. De hecho, el papel de víctima es un papel muy cómodo ya que no tienes porque salir de tu zona de confort. Te das pena y encima llevas el sello de persona buena… Casi no hay actitud más tóxica hacia uno mismo. Tristemente es una actitud que veo bastante en el mundo PAS. Es como si el “nadie me entiende” fuera la excusa perfecta para no tener que entrar en acción. Mi pregunta suele ser: Y tú, ¿qué haces para entenderles a los otros? 

Todo el mundo comete errores y nadie es perfecto. Cometer errores incluso es algo positivo ya que podemos aprender de ellos, y aprender algo iguala a crecer como persona. Asumir responsabilidad y saber perdonar (tanto a ti mismo como a la otra persona) forma parte de la técnica de resolución de conflictos. Asumir responsabilidad suele ser el primer paso necesario para entrar en acción. Y si quieres cambios en tu vida, no puedes esperar hasta que el mundo actúe. 

Todos queremos crecer y avanzar en la vida, y cuanto antes sepas librarte de esos sentimientos de culpa propia o ajena, más podrás crecer y evolucionar. El hecho de que tomes consciencia de tu parte en un conflicto y de la parte que no te corresponde, te hará más dueño de tu destino. Repito: echando la culpa fuera, te quita el poder, te roba de tu fuerza personal y te coloca en una situación de un ser paralizado y victimizado.  

Si piensas que no avances en la vida es por culpa de los otros, si crees “que nadie te entiende”, te aconsejo cambiar de postura. ¿Cómo? Pues, para empezar te puedes hacer una serie de preguntas, por ejemplo:  

  • ¿Qué he hecho yo para que me entiendan? 

  • ¿Realmente quiero que me entiendan, o me conviene seguir creyendo que depende de los otros para no tener que salir de mi zona de confort? 

  • ¿Qué he hecho yo para entender a los otros? 

  • ¿Realmente quiero entender a los otros, o me conviene no entenderles para evitar tener que entrar en acción? 

  • ¿Hay algo más que pueda hacer? 

  • ¿Qué me aporta el entendimiento de los otros? 

Y ya sabes, si necesitas que te echen un cable para trabajar este tema, para trabajar la parte difícil de tu lado sensible, no dudes en contactarme para una o varias sesiones de coaching.

martes, 31 de diciembre de 2013

Ser PAS, comer uvas y tener buenas intenciones

En España tomamos doce uvas como símbolo de la transición de un año a otro. Siempre pensaba que se trataba de una vieja costumbre tradicional o cultural, pero una pequeña investigación me hizo descubrir que la costumbre es ni vieja ni cultural, sino que curiosamente es fruto de motivos económicos. 
Resulta que en 1909, en Nochevieja, los cosecheros en un esfuerzo desesperado de imaginación, consiguieron desprenderse de un enorme excedente de uvas que había habido ese año inventando el rito de tomar “las uvas de la suerte” en la última noche del año, aprovechando la sabida creencia popular de que dichas frutas traían suerte. 
Personalmente, a mi me cuesta tragarlas. Voy bien hasta la séptima, más o menos. Había entendido que la idea es de, a la vez que vas tragando las uvas, pensar en doce intenciones, en doce propósitos que vas a realizar en el año que se vislumbra. Y mientras escribo esto, me empieza a surgir la duda si es por las uvas mismas que me suelo atragantar, o si es a causa de la idea de los doce propósitos. ¡Doce! Ni más ni menos. 
Tengo que confesaros que no creo en el tema de las buenas intenciones tomadas en los últimos momentos del año. Me parece rebuscado. He comprobado que la mayoría de veces no funciona. La idea puede ser bonita, pero la práctica tiene un aspecto sofocante y puede producir hasta un sentimiento de culpabilidad. De hecho, sé que ni siquiera hace falta ser PAS para sentirte agobiado y/o culpable, aunque esa tendencia es bastante mayor aun en las personas altamente sensibles. Un PAS se agobia con facilidad (doce propósitos es más que suficiente para que te agobies) mientras que la culpabilidad en la mayoría de los casos nos es como un guante hecho a medida. Imagínate hasta donde puede llegar la culpabilidad si has dicho a todo el mundo que a partir del día uno de enero dejarás el coche e irás andando de casa al trabajo, pero luego, al cabo de unos días, resulta que no eres capaz de mantener ese ritmo nuevo. Fijo que te sientes mal y que tienes la idea de haber fallado. Perder prestigio no suele ser algo fácil para un PAS. 


¿Por qué es tan difícil realizar los propósitos?  
Por la sencilla razón que ya es muy difícil realizar un solo propósito sin más. Es verdad que el deseo de cambiar o mejorar algo en tu forma de actuar o de pensar es loable. Nadie lo negará. Pero también es verdad que el tiempo y la comodidad pueden hacerte olvidar lo que has decidido. Una intención necesita una meta o un objetivo, y un objetivo tiene que ser específico. Para aquellos de vosotros que tenéis una intención y queréis intentar de realizarla, a continuación os daré los llamados “SMART-goals” que os ayudarán en la realización de la propuesta.

¿Qué hace falta para conseguir la realización de un propósito? 

En primer lugar hay que investigar una serie de cosas. Saber exactamente lo que quieres y de que manera, evitará que topes con sorpresas inesperadas que te quiten el entusiasmo. Una vez que el entusiasmo está afectada te será mucho más difícil seguir con tu propósito. Seguiremos el ejemplo de andar en lugar de coger el coche. 
  • Hemos dicho que un objetivo tiene que ser específico. Para determinar exactamente aquello que quieres conseguir, te puedes hacer una serie de preguntas: 
  • ¿Quién está involucrado? Por ejemplo, si antes llevaba a mi hijo al cole, él ahora también tendrá que andar. 
  • ¿Qué es exactamente lo que pretendo conseguir? ¿Perder peso? ¿Ahorrar gastos? 
  • ¿Cuál es la distancia que tengo en mente? ¿Cuántos kilómetros son? ¿Voy ida y vuelta, o vuelvo con el transporte público? 
  • ¿Tengo un límite de tiempo disponible? 
  • ¿Hay requerimientos especiales? ¿Zapatos o chubasquero? 
  • ¿Tengo que organizar alguien que puede llevar a mi hijo al cole? 
  • Un objetivo tiene que ser medible. ¿Cuánto peso pierdo quiero perder? ¿Cuánto dinero ahorro en una semana, en un mes? 
  • Un objetivo tiene que ser alcanzable. Imagínate que la distancia que tienes en mente es de cinco kilómetros, pero no estás en forma. Si pides más de tu cuerpo que te puede dar, es más que probable que te cansas rápido y te rindas. 
  • Un objetivo tiene que ser realista. Para investigar si alguna meta es realista, te puedes preguntar si alguna vez has hecho algo similar y cual fue el resultado. Para que una meta sea realista, tiene que representar un objetivo que quieres y puedes alcanzar. Tu eres la única persona que puede saber eso. Para un PAS siempre es aconsejable no exigir el máximo de tus fuerzas, ya que esto significará estrés. No pongas el listón demasiado alto ya que te garantizo que el resultado será contraproducente. 
  • Un objetivo tiene que ser tangible. Una meta es tangible cuando puedes experimentarla con uno (o más) de tus sentidos, o sea, gusto, tacto, olfato, vista o oído.

A veces es más fácil alcanzar una meta con la ayuda de un coach. Junto con tu coach investigarás las diversas facetas de tu objetivo para establecer tus posibilidades. ¿Hasta qué punto es viable mi plan? ¿Si pongo el listón más bajo, seré más realista? Tu coach te ayudará a realizar tus objetivos, y te apoyará. Si te has propuesto para el 2011 de perder peso, de mejorar tu condición física, de aprobar algún examen, te puedo ayudar.

Las sesiones de una hora mínimo se hacen presenciales en Palma, o por “Skype”.

Nada más que desearos un muy feliz 2014 y qué vuestros sueños se hagan realidad.

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